¿En serio se necesitaron 20 años para que un atleta costarricense volviera a ganar una medalla de oro en Juegos Panamericanos? Todavía no salgo de mi asombro. ¿Por qué cuesta tanto que un costarricense (o un grupo de ellos) sobresalga en el deporte a nivel internacional? ¿Porqué esperar “cada muerte de obispo” para que un costarricense gane una medalla, sea competitivo y tenga el respeto de ticos y extranjeros por igual?
Para esa pregunta debe haber más de una respuesta válida. Quiero exponer brevemente y según mi criterio (nótese que cualquiera tiene derecho a estar en desacuerdo conmigo) algunos puntos por los cuales considero nos cuesta tanto enfrentarnos a otros países, demostrar condiciones de superioridad (¡o al menos igualdad!) y destacar.
Costa Rica: el país de la argolla
Todos lo sabemos, pero tengo que decirlo: desgraciadamente, Costa Rica “se mueve por patas”. Aquí usualmente no sobresale el mejor deportista, casi nunca destaca el más esforzado ni el mejor preparado, el que entrena más duro, el que busca tener un mejor futuro a punta de sacrificio, dedicación y trabajo. Mucho menos el que tiene mejor aptitud y actitud ante lo que hace. Aquí, la gran mayoría de las veces quien representa a su comunidad, a su provincia, a su país, es aquel que tiene la capacidad económica para comprar los uniformes y pagar las giras y viajes, aquel cuyos padres tienen la amistad más profunda (entiéndase “se echan los tragos”) con el entrenador, o el profesor de educación física de la escuela, colegio, el comité de deportes. O el que tiene más dinero, el más acomodado económicamente. O el más “guapo”. Es decir, cualquiera.
En Costa Rica no hay méritos que la argolla no pueda hacer olvidar.
Éxito mata humildad
Están también aquellos que, aunque con esfuerzo empiezan a despuntar, a mejorar el rendimiento, a sobresalir, terminan siendo presa fácil del “dinero” (que en ocasiones tampoco es tanto) y la “fama” (porque en Tiquicia cualquiera es farandulero) y dejando que los humos de estrella les hagan perder la humildad y olvidar de dónde provienen. Me vienen a la mente una persona que ya no quería dar declaraciones a la prensa, otro que su rendimiento difiere por mucho cuando juega con su equipo (sí, el que le paga) y la selección nacional, y otro que cada vez que se le necesita, desgraciadamente (o será mágicamente) se lesiona.
En Costa Rica el buen deportista es una celebridad, no hay que molestarlo, pagarle el salario que quiere y permitirle todas sus rabietas (y algunos hasta sus borracheras) porque… porque sí.
¿Pero, quién es el culpable?
En este momento quiero pedir perdón a ese montón de deportistas (muchas veces “anónimos”) de este país que sí se esfuerzan, que lo dan todo cada vez que tienen que representar a su país porque sienten verdadero amor por él, que siempre entrenan duro y dan lo mejor. Hay muchos ejemplos hoy como los ha habido en el pasado. A ustedes, que aunque ganen o no medallas, se han esforzado por dejar el nombre de Costa Rica en alto. La culpa obviamente no es de ustedes.
La culpa es de todo un país que recompensa particularmente a un deporte que infla muchos bolsillos pero que no devuelve lo misma cantidad de éxitos: el fútbol masculino.
Por citar un ejemplo, aún el fútbol femenino en Costa Rica, a pesar de estar dando sus primeros pasos, va por mejor camino que el masculino a pesar de no contar con el mismo apoyo comercial, institucional, de infraestructura y la falta de aficionados.
Considero que el montón de dinero, recursos y tiempo que se destina para el fútbol masculino profesional, que nunca nos ha traído como país nada de gloria (y en realidad casi podría decir que “nada de nada”), sería mucho mejor aprovechado por montones de costarricenses de otras disciplinas deportivas que trabajan a diario con las uñas, que cuentan con pésimas instalaciones para practicar (cuando logran contar con ellas), que no reciben patrocinios de nadie y que deben trabajar fuera del deporte para pagar las cuentas, para mantener a sus familias.
Todos nosotros tenemos la culpa, mientras no exijamos y ofrezcamos verdadero apoyo para los deportistas que sí lo merecen.
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